Propiedad intelectual en la era digital

Ayer, 2 de Febrero, Enrique Dans hizo una comparecencia ante la subcomisión de Propiedad Intelectual del Congreso de los Diputados de España. Leanla, ya que no tiene desperdicio:

«En la comparecencia, presidida por Clementina Díez de Baldeón (PSOE), estuvieron presentes los diputados Aitor Esteban (PNV), Jose Andrés Torres Mora (PSOE), Mª Gràcia Muñoz Salvà (PSOE), Jose María Lassalle (PP), Montserrat Surroca (CiU) y Joan Tardà (ER), además de la Letrada Asesora Lidia García. Había notificado previamente a la Secretaría de la Subcomisión mi deseo de utilizar una presentación, que está ahora disponible en SlideShare, y que en realidad quería únicamente para marcar los tiempos, ilustrar un poco las ideas-fuerza y no perder el hilo, así que tras unos breves instantes para conectar mi portátil, comenzamos. Llevaba un guión por si acaso había algún problema con el ordenador o la presentación, aunque no llegué ni a sacarlo del maletín. La presentación me llevó once minutos y medio, a los que siguió bastante más tiempo de preguntas y respuestas. La sesión, a puerta cerrada, se grabó en su integridad, aunque la grabación no se transcribirá y se considera para uso interno de la Subcomisión.

Empecé planteando la idea de evolución y de cómo el contexto social y tecnológico determina los modelos legislativos. Brevemente, repasé la historia de la propiedad intelectual desde la época en que ésta simplemente no existía como tal, hasta la aparición de la imprenta y la creación de la Stationers’ Company de Londres, con partituras que eran archivadas con el nombre del impresor, no del artista, un momento en el que claramente se separa la creación del negocio que genera la difusión de la misma. Hablé de cómo los derechos de autor han estado tradicionalmente vinculados al concepto de soporte y de copia, conceptos que ahora pierden completamente su sentido en un entorno en que el soporte se desmaterializa y la copia es algo que todos hacemos con cada clic de nuestro ratón. Revisé varias etapas, hasta llegar a la situación actual en Internet, con un montón de modelos diferentes que conforman un ecosistema de enorme diversidad, completamente imposible de controlar, en el que múltiples piezas interactúan en rápido movimiento. De ahí pasé a demostrar cómo habían sido las reacciones de la industria ante innovaciones como los cassettes (“home taping is killing music”) o el vídeo doméstico (“I say to you that the VCR is to the American film producer and the American public as the Boston strangler is to the woman home alone”), y cómo esos temores ante el inevitable progreso tecnológico habían resultado completamente ridículas, infundadas y malintencionadas, exactamente igual que las recientes demandas de determinados artistas españoles que reclamaban que “en cinco años esto desaparece, no habrá ni canciones ni música”.

inteligencia colectiva

Tras revisar la cadena de valor de la industria y su inadaptación al nuevo entorno, traté de emplazarlos a plantear la reforma de la ley del copyright en términos de “viejo modelo vs. nuevo modelo”: el viejo modelo, el centrado en torno a los soportes y las copias, es un caballo muerto. Y cuando tienes un caballo muerto, puedes usar un látigo mejor, cambiar de jinete, amenazar al caballo con despedirlo, nombrar un comité de estudio de caballos muertos, visitar otros países a ver como montan caballos muertos, cambiar las leyes para favorecer a los caballos muertos, reclasificarlos como “vivos inmóviles”, unir varios caballos muertos en un mismo tiro, subvencionarlos, promocionarlos como supervisores de otros caballos, redefinir las prestaciones de los caballos para que los muertos cualifiquen mejor… pero al final, estarás mejor desmontando y cambiando de caballo. Terminé hablando de modelos que sí funcionan, de cómo los actores tradicionales lastran otros que podrían funcionar, de cómo intentar controlar las descargas por la vía represiva era como fabricar hachas de madera, y de cómo la peor manera de buscar soluciones era perpetuando una situación de monopolio, ratificada por el reciente informe de la Comisión Nacional de la Competencia, que impedía el desarrollo de alternativas. En el fondo, para los diputados de la Subcomisión, el asunto está entre quedarse apoyando un viejo modelo agotado y sin sentido, frente a no permitir que una situación meramente coyuntural (las descargas) y unos intermediarios interesados y en régimen de monopolio condicionasen el desarrollo de nuevos modelos.

Tras la presentación, hubo un buen número de preguntas, todas ellas muy pertinentes e interesantes. Aitor Esteban me preguntó por la dinámica de la transición entre ambos modelos y por las posibilidades de España de definir su opción estando como está condicionada por el entorno internacional, una pregunta que me pareció muy buena y en la que recurrí al ejemplo de Brasil como país que está trabajando en una redefinición del modelo. Joan Tardà me pidió que profundizase en el asunto de la imposibilidad de control (en donde toqué los aspectos derivados de cómo un excesivo control acabaría generando una red cada vez más cifrada y mucho más incontrolable), y planteó el papel de las operadoras en el tema y su posible contribución, mientras que Jose María Lassalle me pidió mi opinión sobre la forma en que estos temas se estaban tratando en la LES.

Impresiones, en general positivas con respecto a la comparecencia, aunque no tanto en relación con los posibles frutos de la misma. En la actitud de la mayoría de los integrantes de la Subcomisión me pareció ver un interés genuino por entender el tema, por hacer preguntas pertinentes y por plantear el asunto de manera constructiva. El problema, me temo, puede venir del papel que esta Subcomisión acabará jugando en el tema: creámoslo o no, una Subcomisión creada expresamente para estudiar la modificación de la propiedad intelectual puede acabar siendo completamente irrelevante, y los asuntos de verdadera importancia decidirse en leyes que actúan a modo de “caballo de Troya” como la LES, en lo que constituiría una verdadera falta de respeto al Parlamento y a los ciudadanos. Veremos si la Subcomisión, finalizadas las comparecencias, es capaz de producir unas conclusiones conjuntas, y el efecto que éstas podrían llegar a tener en caso de producirse.»

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