Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera

La nota de Facundo García en Pagina 12 de hoy nos pone a muchos en alerta, mas que alertados..quisiéramos decir…despertando de las pascuas y sus huevos..estamos hasta los mismos…..asi dice la nota, compañeros:

“Esto es una parte del pasado que no es rentable”

Los aficionados que crean blogs y comparten música descatalogada son perseguidos por quienes, atendiendo a intereses diversos, se resisten a los cambios. “Me pareció que lo que yo tenía en casa no debía permanecer encerrado”, se defiende uno de los bloggers

Alejandro Molinier, el “bizarrólogo”, jura tener cien mil discos y la ilusión de instalar un museo.

La memoria colectiva no sólo se amenaza con palos y armas: a veces basta el capricho de un puñado de empresas. Los inconseguibles del rock argentino era un blog que permitía descargar discos imposibles de encontrar en el mercado. En poco más de tres años había reunido tres mil posts con innumerables archivos y reseñas. Siete millones de visitas demostraban que ahí había un aporte valioso, rebosante de comentarios y debates. Pero según cuenta Marcelo B., hace unos días que Blogger –el administrador de bitácoras más popular de la red– lo sorprendió al borrar de un plumazo su trabajo. Y lo peor es que otros espacios de rescate cultural podrían correr la misma suerte.

Ahora los inconseguibles son más inconseguibles todavía, y Marcelo analiza cómo reponerse del sopapo. “La idea es compartir y dar a conocer esos materiales maravillosos que se fueron perdiendo –cuenta–. Afortunadamente, hay una gran cantidad de gente que se sumó y que colabora enviándome lo que tiene.” El equipo incluye a aficionados, músicos y productores. Es decir que se atacó no sólo a un blog, sino a una comunidad de usuarios que estaba en comunicación permanente. Además, el bloguero no ganaba un peso, y jura haberse movido exclusivamente por “la gratificación de llenar un vacío en mucha gente”. “No quise joder a nadie –insiste–. Tanto es así que puse mi dirección de mail para que el que se sintiera molesto por la inclusión de un álbum me pidiera retirarlo y listo. Por otra parte nunca posteé discos que estuvieran disponibles en los comercios.”

Desde septiembre de 2006 el proyecto recibió muchísimos más apoyos que quejas. “¿A quién le molesta que eso esté ahí?”, se pregunta Marcelo. Y se responde: “Por supuesto que a ciertas grabadoras, a algunos ‘revendedores’ que creen tener los derechos de las obras publicadas, y a algunos ‘representantes’ de la cultura que de cultura tienen muy poco y no representan a ningún artista, pero necesitan justificar su sueldo.” Lo tragicómico es que por cada cierre aparecen tres o cuatro sitios que retoman la tarea. “Los que dirigen esto no van a lograr lo que pretenden. Hay cambios en la industria musical y habrá que asimilarlos”, avisa el melómano.

Desertificación sonora

Antes de instalarse en el nuevo paisaje digital, los grandes intereses moverán todos sus recursos para acomodarlo a su favor, poniendo los balances financieros por delante del acceso a los bienes musicales. En efecto, hace pocos meses el Congreso de la Nación aprobó una ley que extiende de cincuenta a setenta años los derechos de las compañías fonográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Eso significa, entre otras cosas, que obras que estaban a punto de pasar a dominio público –en criollo, léase “iban a ser de todos”– seguirán en manos privadas por dos décadas más. Para colmo –lo señaló Diego Fischerman en una nota publicada en Página/12 el 21 de febrero– la norma no contempla ninguna obligación para quienes detentan los derechos, que podrán seguir encanutando placas como lo han hecho hasta hoy. Basta mencionar lo que ocurrió con La voz de la zafra, de Mercedes Sosa, que permaneció fuera de circulación durante cuarenta y ocho años porque RCA –hoy en manos de Sony– consideraba que no era rentable una reedición. Y eso es sólo la punta del iceberg. Como definió Litto Nebbia en otra columna publicada en este diario a principios de marzo, el sistema vigente hace que “el manipuleo sobre la no edición de una obra sea lo más parecido a ‘borrar un artista del mapa’”. Hasta que por hache o por be –y si tiene buena estrella– el creador vuelve a estar en las disquerías porque recobró la notoriedad. Muriéndose, por ejemplo.

Las huellas del consecuente desastre están por todos lados. ¿Cuál era la música de la Televisión Nacional chilena durante el gobierno de Allende? ¿Cómo suenan las canciones tradicionales que los judíos sefardíes grabaron en Argentina? ¿Dónde revisitar los viejos cuentos relatados por María Elena Walsh? En la mayoría de las tiendas la respuesta será el silencio o un pasito de Ricky Martin. No así en otro blog de lujo, Los que no se consiguen. Como otros consultados, Danito prefiere que lo mencionen con ese nick para no tener problemas. Y no se guarda nada. “Las discográficas grandes –dispara– jamás se interesaron por seguir manteniendo en disponibilidad álbumes que forman parte de nuestra identidad. Debería haber una ley para evitar eso.”

El tampoco está detrás del billete. “Me pareció que lo que yo tenía en casa no debía permanecer encerrado”, confiesa. En sintonía con sus colegas, pinta una imagen que está lejos del arquetípico blogger solitario. “Muchos me han hecho llegar joyas que no conocía, como un recital de la cantante mapuche Aimé Painé, de quien directamente no quedó registro discográfico. Y desde hace tres años volví a tener la sana costumbre de recorrer las casas de vinilos viejos y adquirir (a veces a precios altos) discos descatalogados para poder compartirlos.” Si bien Los que no se consiguen no ha sufrido ataques directos, sí debe lidiar con las firmas que permanentemente lo denuncian y dan de baja sus links de descarga. “Es desgastante que te borren archivos que hay que volver a subir, de discos que a ciencia cierta sabés que no se reeditaron ni se reeditarán jamás”, se enoja Danito. Ojo, que el hombre no es un activista del copyleft ni mucho menos. “Así como estamos los que compartimos discos fuera del interés de las discográficas, hay muchos que ponen discos nuevos apenas salen a la venta, y tal vez –me pregunto– el hecho de bajar esa música cree un hábito perverso”, sostiene.

Una casa con cien mil discos

La discusión sobre las descargas está lejos de haberse saldado. Mientras, el tiempo pasa y cada temporada deja tras de sí toneladas de títulos que no volverán a ver la luz. Esas perlas son las que apasionan a Alejandro Molinier, que desde 2007 hace la curaduría de Discos Bizarros Argentinos. Molinier –que también conduce un programa de radio que se llama Bizarrock y va los sábados de 17.30 a 19 por Radio del Pueblo (AM 830)– jura tener cien mil discos y la ilusión de instalar un museo. Sin embargo, como no tiene ningún apoyo, se conforma con difundir lo suyo por la web y el éter. “Después de ver la película Help! de Los Beatles –rememora– salí a rastrear discos. No sé cómo pasó, pero al final tuve que conseguir una casa entera para poder guardarlos.”

Alejandro camina atento. Cuando no hay un vecino que desecha una caja de LP, se cruza con colecciones tiradas en medio de la calle. Con esa base procura reconstituir una trama que de otro modo permanecería hecha jirones. Adjunta sus investigaciones en cada post e invita a que los visitantes escuchen una parte de su tesoro. La “Marcha de los taximetristas peronistas”, las canciones que los hermanos Borocotó le dedicaron a su madre y el pasado de Piero en La Nueva Ola pueden parecer cuentos salidos de una mente enferma, pero existen y concentran un conjunto de variables políticas, sociales y estéticas que vale la pena analizar. “No son como las grabaciones de Elvis o Pink Floyd, que uno sabe que se seguirán promocionando siempre. Esto es una parte del pasado que no es rentable y que por lo tanto tiende a permanecer sumergida. Fijáte que un disco como Juventud Argentina Peronista –de Carlos Bisso, lanzado en 1973– anticipa puntillosamente el fenómeno que hoy es Bombita Rodríguez. ¡Sólo que Bisso era un Bombita real y nadie se acuerda!”

Entre risas, el bizarrólogo adelanta que sus próximos posts destaparán a Graciela Borges cantando temas de Palito Ortega en 1965, más un disco simple que grabó Andrés Percivale en los ’70, varios de Alberto Olmedo y hasta uno de Ringo Bonavena cantando con los Shakers. Cuando recupera la compostura, se anima a arriesgar una conclusión. Desde su punto de vista, los que manejan el mercado no sienten la obligación de cuidar lo que “ya fue”. “Tengo amigos que sacaron de un container masters de verdaderos maestros. Y es un peligro que exista ese desprecio, porque a mí hace veinte años Depeche Mode me parecía una cagada y ahora los volví a escuchar y me gustan. Pero si nadie los hubiera conservado, jamás hubiera tenido la chance de revalorizarlos”, subraya.

Ver también nota sobre Alejandro Moliner en Noticias, declaraciones de Litto Nebbia

Cuánto invierten las discográficas?

IFPI es el organismo que representa globalmente a la industria discográfica. El Miércoles pasado ha publicado un nuevo reporte que remarca las cifras monetarias y servicios que los sellos proporcionan en el desarrollo y promoción de artistas. El documento es muy interesante por la información que contiene y la forma en que la industria musical se propone promoviendo la lucha anti-piratería y fomentando de los artistas. Tenemos que empezar a plantear este debate desde la cultura libre, entendiendo que el rol de estos intermediarios (discográficas y distribuidoras) se ha logrado instalar por encima de los intereses de los músicos y otros actores como arregladores, sonidistas, etc… Los verdaderos productores, podríamos decir.

Sin embargo, más allá del tono apologético, es necesario leer estos textos y pensar cómo sería un modelo superador desde nuestro lado. Esto es un desafío bien interesante. Veremos si podemos ir sistematizando algunas opiniones formadas.

Les dejamos el texto que fue publicado en el blog amigo Aliado Digital, que aconsejamos seguir permanentemente.

Industria musical

«Se estima que en su totalidad los sellos invierten $5,000 millones de dólares anuales en talento musical, apoyando a miles de artistas, y gastando un monto típico de $1 millón de dólares para catapultar a un artista/grupo pop en los principales mercados.  Habría más de 4,000 artistas en actividad en los sellos ‘major’ (EMI, Sony, Universal, Warner) –de los cuales el 25% habría sido contratado en los últimos 12 meses– y  varios miles más en las discográficas independientes.

Las compañías discográficas son los mayores inversores en el talento musical, aportando casi el 30% de sus ingresos por ventas en el desarrollo y mercadeo de artistas.  Asimismo, La música grabada tendría un enorme impacto económico, ayudando a generar un mayor sector musical, incluyendo la música en vivo, radio, edición, equipamiento de audio, estimado en $160,000 millones de dólares anuales.  IFPI calcula que este sector emplea a 2 millones de personas en todo el mundo.

Con respecto a la inversión inicial en un artista en EE.UU. y el Reino Unido, el reporte señala que el monto de $1 millón de dólares se divide de la siguiente manera:

  • Adelanto para que el artista pueda concentrarse sólo en componer, practicar, grabar y tocar su música: $200,000 dólares.
  • Grabación del primer disco (sin productores famosos ni orquestas, etc.): $200,000 dólares.
  • Tres videos musicales: $200,000 dólares.
  • Gira: $100,000 dólares.
  • Promoción/márketing: $300,000 dólares.

Las inversiones de los sellos, sin embargo, están cada vez bajo mayor presión a causa del intercambio ilegal de contenidos en Internet y de otros modos de piratería.  Por ejemplo, en Francia, datos de la industria muestran que en 2009 las compañías discográficas invirtieron el 12% de sus ingresos en el márketing de artistas, una cuota que retrocedió considerablemente con respecto al 15% atribuido en 2006, cuando los ingresos ya habían caído enormemente debido a la piratería en línea.»