Cybraphon – robot musical con emociones

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El Cybraphon es un curioso “grupo robot autónomo emocional“. En principio, es un robot musical autoejecutable, como los reproductores de piano, pero más complejo, y en realidad presenta una banda completa. ¿El detalle? Es un obsesivo navegante de las redes sociales.

Compuesto de una serie de instrumentos, máquinas antiguas y objetos encontrados en tiendas de chatarra y más de 60 componentes robóticos que lo ejecutan, el aspecto “steampunk” del Cybraphon se realza aún más con el galvanómetro de 100 años de antigüedad usado para mostrar las emociones del dispositivo.

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Lo que lo hace único, es su particular carácter: el Cybraphon es muy orgulloso, y le gusta que lo nombren en Internet. Por lo tanto, la música que ejecute será más alegre o más triste de acuerdo a qué tan popular es en la red, cúantas veces lo nombran, cuánto tráfico recibe, cuántos amigos tiene en Facebook… Eso sí, es bastante engreído, y no se queda contento mucho tiempo, porque siempre quiere más atención.

“Como muchas bandas hoy en día, el Cybraphon está completamente obsesionado con su propia celebridad. Asi que, 24 horas, 7 días a la semana, el Cybraphone está online, chequeando la web, surfeando en Google, mirando su página de Facebook, entrando a su Myspace, contando hits.

Cada vez que alguien entra a su página, se pone contento. Cuando tiene nuevos amigos en Facebook, se alegra.

Pero es muy inseguro, asi que siempre quiere más y más. Quiere más y más fama. Quiere más y más publicidad. Y si la tasa de aumento de publicidad no dura, entonces se molesta de nuevo.

Entonces… es en realidad un modelo de la banda indie moderna.”

El Cybraphon es un proyecto del colectivo de artistas FOUND, y fue presentado en el Festival de las Artes de Edimburgo en agosto de este año en la Galería Inspace en Edimburgo. Recientemente fue galardonado con un premio BAFTA en la categoría Interactivo.

En este video, el instrumento en acción:

Más info en Cybraphon.com

Vía Synthgear.com / Noticias de Audio

Derechos de autor y la negación del consumo

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“Creo que la mayoría de los consumidores no quieren pensar en los derechos de autor en absoluto, y los titulares de los derechos de autor tampoco deberían: los titulares de derechos de autor quieren que los consumidores piensen sólo acerca de qué tan grandes son sus productos y dónde se puede comprar: ¿qué consumidor compra algo, porque tiene derechos de autor? Las cosas se compran porque tiene valor económico o emocional. No se puede demandar a las personas o legislar en la compra de derechos de autor de obras que no les gusta, tal vez porque tienen DRM u otras restricciones. Leyes de derechos de autor fuertes no son un sustituto para satisfacer la demanda de los consumidores.

Los derechos de autor no es polvo de hadas, revistiendo mágicamente a las obras de valor económico; sólo la voluntad de los consumidores de pagar por algo crea valor económico. Los derechos de autor han entrado en la conciencia pública y el debate, porque los titulares de los derechos de autor los han usado para negar a los consumidores el acceso a las cosas que quieren. Esto no es sólo mi opinión, es la opinión de muchos titulares de derechos de autor también. En un discurso de 2007, Edgar Bronfman, Jr, CEO de Warner Music Group, reconoció que la industria ha “ido a la guerra con los consumidores al negarles lo que querían y podían encontrar de otra manera, como resultado, por supuesto, los consumidores ganaron.“. Lo que los consumidores supuestamente ganaron está claro: en 2007, el Sr. Bronfman y otras discográficas (por medio de la RIAA) se encontraban todavía demandando a decenas de miles de personas.

“Quiero que los titulares de derechos de autor tengan éxito económico, pero quiero que tengan éxito por satisfacer la demanda de los consumidores, no por impedirla.

Fragmentos de un post de William Patry de su blog “Moral Panics and the Copyright Wars“. Patry es un abogado norteamericano, especialista en derechos de autor. Es autor de varios libros sobre el tema, siendo el más reciente Moral Panics and the Copyright Wars. Además, se desempeña como Consejero Superior de Derechos de Autor en Google, Inc.

Via NoticiasAudio.

Mariana Baraj y Tomas Olano.

Tomás Olano se plantea la necesidad de no repetir formas en el proceso creativo. Dejamos el texto que nos envío sobre su experiencia en el Concurso Mariana Baraj, muy rico por su capacidad cuestionadora.

«Terminé la composición para el concurso con los sonidos del PROYECTO B. Lo único que agregué fue el piano, porque en mis años de estudio aprendí que pocos recursos pero bien trabajados hacen que la obra sea clara, concisa y exprese de manera mas sencilla la idea del compositor. Trabajé con pocas pistas, intenté ocultar los sonidos (porque como músico también amo el silencio) pero no pude. La obra trabaja sobre y con la voz. No hay tempo estable (loops), aunque por momentos aparece una rítmica constante que se diluye. Creo que salir del tradicionalismo es escapar primero a las presiones que tiene el alma, a las constantes rítmicas, tonales, formales, tímbricas.»

Para Tomás «disponer de variados y excelentes programas de edición no asegura nada. La mayor parte de las veces el programa compone por nosotros si no sabemos como utilizarlo. Por eso me llevó tiempo hacer la obra. Hasta que no sonora lo que yo quería y necesitaba, no continuaba.» De acuerdo a esto, nos plantea que en la pestaña Editores de RedPanal hablamos de ellos como cada vez más intuitivos y nos hace una excelente pregunta… ¿Acaso la intuición no nos lleva muchas veces a terrenos ya conocidos? Desde RedPanal creemos que lo intuitivo de estos programas tiene que ver con la facilidad para utilizarlos, y no con los planteos estéticos de cada uno. Sin embargo, no deja de ser una interesante pregunta disparadora la que nos hace.

Finalmente, Tomás nos cuenta que «un problema que surgió fue la utilización de los metales. Me hubiese gustado que la obra tuviera alguna irrupción de una Tuba o una Trompa, pero aunque disponía del instrumento y el instrumentista no hacía tiempo para el estudio de grabación. Jamás pensé en sustituir eso con un instrumento midi. No hay nada mas odioso que escuchar sinusoides altivas. En fin, la obra es lo que se presenta, no la ausencia de

Eso es todo -concluye-. Subo algunos de los sonidos con los que trabajé (que son los editados del Proyecto B) para que estén a disposición de todos. La obra no es el sonido en sí, sino como se presenta y se transforma en el tiempo. Acaso eso sea la composición, una continua transformación de los sonidos y de nosotros mismos…».