Cuánto invierten las discográficas?

IFPI es el organismo que representa globalmente a la industria discográfica. El Miércoles pasado ha publicado un nuevo reporte que remarca las cifras monetarias y servicios que los sellos proporcionan en el desarrollo y promoción de artistas. El documento es muy interesante por la información que contiene y la forma en que la industria musical se propone promoviendo la lucha anti-piratería y fomentando de los artistas. Tenemos que empezar a plantear este debate desde la cultura libre, entendiendo que el rol de estos intermediarios (discográficas y distribuidoras) se ha logrado instalar por encima de los intereses de los músicos y otros actores como arregladores, sonidistas, etc… Los verdaderos productores, podríamos decir.

Sin embargo, más allá del tono apologético, es necesario leer estos textos y pensar cómo sería un modelo superador desde nuestro lado. Esto es un desafío bien interesante. Veremos si podemos ir sistematizando algunas opiniones formadas.

Les dejamos el texto que fue publicado en el blog amigo Aliado Digital, que aconsejamos seguir permanentemente.

Industria musical

«Se estima que en su totalidad los sellos invierten $5,000 millones de dólares anuales en talento musical, apoyando a miles de artistas, y gastando un monto típico de $1 millón de dólares para catapultar a un artista/grupo pop en los principales mercados.  Habría más de 4,000 artistas en actividad en los sellos ‘major’ (EMI, Sony, Universal, Warner) –de los cuales el 25% habría sido contratado en los últimos 12 meses– y  varios miles más en las discográficas independientes.

Las compañías discográficas son los mayores inversores en el talento musical, aportando casi el 30% de sus ingresos por ventas en el desarrollo y mercadeo de artistas.  Asimismo, La música grabada tendría un enorme impacto económico, ayudando a generar un mayor sector musical, incluyendo la música en vivo, radio, edición, equipamiento de audio, estimado en $160,000 millones de dólares anuales.  IFPI calcula que este sector emplea a 2 millones de personas en todo el mundo.

Con respecto a la inversión inicial en un artista en EE.UU. y el Reino Unido, el reporte señala que el monto de $1 millón de dólares se divide de la siguiente manera:

  • Adelanto para que el artista pueda concentrarse sólo en componer, practicar, grabar y tocar su música: $200,000 dólares.
  • Grabación del primer disco (sin productores famosos ni orquestas, etc.): $200,000 dólares.
  • Tres videos musicales: $200,000 dólares.
  • Gira: $100,000 dólares.
  • Promoción/márketing: $300,000 dólares.

Las inversiones de los sellos, sin embargo, están cada vez bajo mayor presión a causa del intercambio ilegal de contenidos en Internet y de otros modos de piratería.  Por ejemplo, en Francia, datos de la industria muestran que en 2009 las compañías discográficas invirtieron el 12% de sus ingresos en el márketing de artistas, una cuota que retrocedió considerablemente con respecto al 15% atribuido en 2006, cuando los ingresos ya habían caído enormemente debido a la piratería en línea.»

Por qué nos mienten sobre la crisis de la música?

Buscando información sobre los números que se manejan en la industria musical, nos hemos ido encontrando con data interesante que queremos compartir con ustedes.

Por un lado, en la página de CAPIF se puede leer un resumen sobre el Reporte de Música Digital 2009 que hizo la IFPI:

«El Reporte de música digital 2009 elaborado por IFPI y difundido mundialmente la última semana da cuenta del crecimiento de este sector: en 2008 el mercado digital creció un 25% y representó un negocio de US$ 3,7 billones en todo el mundo.

Las plataformas digitales hoy representan aproximadamente el 20% de las ventas de música a nivel mundial

La música se encuentra a la vanguardia de la revolución digital y mobile, generando más ingresos a través de sus plataformas digitales que los diarios (4%), las revistas (1%) y la industria cinematográfica (4%) combinados.»

Esta evaluación parece ser notablemente contraria a los que vociferan la crisis de la música por la masificación de los formatos digitales, el P2P y la piratería. Deben ser muy pocas las industrias que en 2008, en plena crisis mundial, han crecido 25% en sus ganancias!

Por otro lado, el siguiente gráfico muestra la forma en que las ganancias se reparten entre los diferentes actores de la industria. Como se ve, el creador queda totalmente relegado en relación a las compañias discográficas (record companies) y las distribuidoras (retailers o digital service providers). Y esto en Inglaterra, donde las cuotas de reparto son más justas que en la mayoría de los países hispano-parlantes!!

Grafico Ganancias Industria Musical

Lito Nebbia sobre la industria musical

Transcribimos una excelente nota de Lito Nebbia. Por fin músicos de referencia empiezan a plantear las cosas tal como son, con la voluntad de crear un modelo más justo, sustentable y positivo para los músicos.

Lito Nebbia

La Cámara de Diputados ha convertido en ley un proyecto que prolonga de 50 a 70 años los derechos de las compañías discográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Y es una pena que el Congreso a veces no tenga información clara y real sobre lo que trata, porque esta ley sólo protege a las grandes compañías discográficas para que puedan seguir manipulando a su antojo centenares de álbumes de diversos géneros. Albumes que, en la mayoría de los casos, están bajo un contrato leonino en el que el artista no tiene la menor posibilidad de ver respetada su obra y mucho menos de percibir los derechos reales que le corresponden.

El artista siempre es perjudicado a través del tiempo. Cuando no aparecen reediciones de sus trabajos creativos, pierde de cobrar sus royalties discográficos. Si es autor, también se debilita el cobro de sus ingresos autorales. Pero lo más grave es que, en algunos casos, ha ocurrido que el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.

Pensemos: el artista no tiene disco para trabajar, tampoco lo tiene para que siga vigente su obra, y si llega a reclamar que lo liberen, tampoco le permiten publicar su trabajo. Ni siquiera digo, a estar altura, pedirles que te devuelvan un master: aquí se trata de una verdadera Máquina de la Inconveniencia.

Puedo citar detalles de mi caso personal: a mis 17 años firmé contrato con la legendaria RCA como integrante de mi grupo de adolescencia, Los Gatos. Hasta hoy esos álbumes llevan vendidas millones de copias. Pero nunca podremos saber exactamente el número, porque la compañía discográfica, que sub-edita a través de casas sucursales que tiene por todo el mundo, jamás hace una rendición de cuentas fuera de tu país de origen. Tengo ediciones de mis discos en Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Chile, Costa Rica, Brasil… Y, de este modo, jamás he cobrado un centavo. Los Gatos éramos número 1 en ventas en casi toda América latina. Lo mismo pasó con mis primeros discos como solista. Hay canciones que han estado varias semanas en los primeros puestos de otros países, y jamás me las liquidaron.

Mientras va transcurriendo el contrato leonino que firmó, uno siempre está ocupado y entusiasmado con el siguiente disco, y piensa que finalmente todo se va a solucionar. Por eso no se litiga oportunamente. Además, ¿cómo desconfiar de la gente que está tan interesada en nuestra música? Pero cuando el contrato termina, y uno queda libre de grabar para esa compañía, es cuando comienza el mayor atropello.

Cuidado: estoy refiriéndome exclusivamente a hechos que ocurren en el ambiente de nuestro país. En Estados Unidos, cuando algunos artistas terminan su contrato, la compañía sigue permanentemente reeditando su obra y cuidándola. Ni qué hablar si es un artista que continúa en total actividad: sigue manteniendo relación con la compañía anterior, sencillamente porque el cuidado del material grabado es algo que les compete y conviene a ambos.

Jimi Hendrix

En nuestro país hay un anecdotario lleno de historias donde un gran artista, uno de esos que le ha hecho ganar muchísimo dinero a la discográfica (y soy uno de ellos), trata de comunicarse con la compañía para una consulta o reunión, y ni siquiera lo atiende la secretaria de algún ejecutivo. Terminado el contrato, hay un cese de relaciones. Entonces comienzan a ocurrir atrocidades como cambios de portadas, equivocaciones en los créditos, mala masterización de los álbumes, hasta llegar a un par de sucesos que me parece bueno contar.

Varios años atrás, la compañía que tiene derechos sobre los discos de Los Gatos publicó un casete de regalo dentro de una caja de las hamburguesas Paty, que se vendía exclusivamente en los grandes supermercados. Así como lo están leyendo. Lógicamente incluía el tema “La balsa”… O sea que no sólo se hartaron de ganar dinero, y mal pagarnos derechos durante 40 años, ¡sino que ahora hacen un negocio hasta con las carnicerías!

Luego de esto, durante un verano de esos en que ya no saben qué inventar para vender boludeces en la playa, publicaron un CD remix de temas clásicos de los años ’60. No podía faltar nuevamente “La balsa”. Esta vez a nuestra grabación original le sumaron pitos y matracas, gente haciendo algarabía y una cantidad de basura que es una falta de respeto para una grabación que es un hito para la historia de la música popular argentina.

¿Existe alguna ley en nuestro país que pueda corregir o no permitir que sucedan este tipo de cosas? Por supuesto que no.

¿Qué desearíamos más los artistas que el hecho de que la vieja compañía discográfica donde registramos nuestros primeros éxitos sea la que siga desarrollando el material (con un contrato legal y razonable), y en el caso de artistas con larga trayectoria, llegar a un acuerdo donde el paso del tiempo y los cambios tecnológicos de los productos no terminen resultándonos perjudiciales?

Muchas veces en reportajes me preguntan qué pienso de la piratería y por supuesto que no estoy de acuerdo con eso, ni con nada que signifique robar. Pero, ¿cuál es mi lugar como artista, cuando por un disco que se vende de Los Gatos percibo cuatro centavos? La piratería no me hace nada, si sólo pierdo 4 céntimos…

Cuando estábamos a punto de celebrar el 40º aniversario de nuestro grupo y de la grabación de “La balsa”, mantuve reuniones con ejecutivos de la compañía que tiene el derecho de explotación (nunca mejor usado este término) de nuestros discos. Asistí con la propuesta de revisar ese tramposo contrato que firmé a mis 17 años. Lógicamente nunca nos pusimos de acuerdo. ¿Cómo ponerse de acuerdo con gente que desprecia la música?

Industria Musical