Lito Nebbia sobre la industria musical

Transcribimos una excelente nota de Lito Nebbia. Por fin músicos de referencia empiezan a plantear las cosas tal como son, con la voluntad de crear un modelo más justo, sustentable y positivo para los músicos.

Lito Nebbia

La Cámara de Diputados ha convertido en ley un proyecto que prolonga de 50 a 70 años los derechos de las compañías discográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Y es una pena que el Congreso a veces no tenga información clara y real sobre lo que trata, porque esta ley sólo protege a las grandes compañías discográficas para que puedan seguir manipulando a su antojo centenares de álbumes de diversos géneros. Albumes que, en la mayoría de los casos, están bajo un contrato leonino en el que el artista no tiene la menor posibilidad de ver respetada su obra y mucho menos de percibir los derechos reales que le corresponden.

El artista siempre es perjudicado a través del tiempo. Cuando no aparecen reediciones de sus trabajos creativos, pierde de cobrar sus royalties discográficos. Si es autor, también se debilita el cobro de sus ingresos autorales. Pero lo más grave es que, en algunos casos, ha ocurrido que el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.

Pensemos: el artista no tiene disco para trabajar, tampoco lo tiene para que siga vigente su obra, y si llega a reclamar que lo liberen, tampoco le permiten publicar su trabajo. Ni siquiera digo, a estar altura, pedirles que te devuelvan un master: aquí se trata de una verdadera Máquina de la Inconveniencia.

Puedo citar detalles de mi caso personal: a mis 17 años firmé contrato con la legendaria RCA como integrante de mi grupo de adolescencia, Los Gatos. Hasta hoy esos álbumes llevan vendidas millones de copias. Pero nunca podremos saber exactamente el número, porque la compañía discográfica, que sub-edita a través de casas sucursales que tiene por todo el mundo, jamás hace una rendición de cuentas fuera de tu país de origen. Tengo ediciones de mis discos en Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Chile, Costa Rica, Brasil… Y, de este modo, jamás he cobrado un centavo. Los Gatos éramos número 1 en ventas en casi toda América latina. Lo mismo pasó con mis primeros discos como solista. Hay canciones que han estado varias semanas en los primeros puestos de otros países, y jamás me las liquidaron.

Mientras va transcurriendo el contrato leonino que firmó, uno siempre está ocupado y entusiasmado con el siguiente disco, y piensa que finalmente todo se va a solucionar. Por eso no se litiga oportunamente. Además, ¿cómo desconfiar de la gente que está tan interesada en nuestra música? Pero cuando el contrato termina, y uno queda libre de grabar para esa compañía, es cuando comienza el mayor atropello.

Cuidado: estoy refiriéndome exclusivamente a hechos que ocurren en el ambiente de nuestro país. En Estados Unidos, cuando algunos artistas terminan su contrato, la compañía sigue permanentemente reeditando su obra y cuidándola. Ni qué hablar si es un artista que continúa en total actividad: sigue manteniendo relación con la compañía anterior, sencillamente porque el cuidado del material grabado es algo que les compete y conviene a ambos.

Jimi Hendrix

En nuestro país hay un anecdotario lleno de historias donde un gran artista, uno de esos que le ha hecho ganar muchísimo dinero a la discográfica (y soy uno de ellos), trata de comunicarse con la compañía para una consulta o reunión, y ni siquiera lo atiende la secretaria de algún ejecutivo. Terminado el contrato, hay un cese de relaciones. Entonces comienzan a ocurrir atrocidades como cambios de portadas, equivocaciones en los créditos, mala masterización de los álbumes, hasta llegar a un par de sucesos que me parece bueno contar.

Varios años atrás, la compañía que tiene derechos sobre los discos de Los Gatos publicó un casete de regalo dentro de una caja de las hamburguesas Paty, que se vendía exclusivamente en los grandes supermercados. Así como lo están leyendo. Lógicamente incluía el tema “La balsa”… O sea que no sólo se hartaron de ganar dinero, y mal pagarnos derechos durante 40 años, ¡sino que ahora hacen un negocio hasta con las carnicerías!

Luego de esto, durante un verano de esos en que ya no saben qué inventar para vender boludeces en la playa, publicaron un CD remix de temas clásicos de los años ’60. No podía faltar nuevamente “La balsa”. Esta vez a nuestra grabación original le sumaron pitos y matracas, gente haciendo algarabía y una cantidad de basura que es una falta de respeto para una grabación que es un hito para la historia de la música popular argentina.

¿Existe alguna ley en nuestro país que pueda corregir o no permitir que sucedan este tipo de cosas? Por supuesto que no.

¿Qué desearíamos más los artistas que el hecho de que la vieja compañía discográfica donde registramos nuestros primeros éxitos sea la que siga desarrollando el material (con un contrato legal y razonable), y en el caso de artistas con larga trayectoria, llegar a un acuerdo donde el paso del tiempo y los cambios tecnológicos de los productos no terminen resultándonos perjudiciales?

Muchas veces en reportajes me preguntan qué pienso de la piratería y por supuesto que no estoy de acuerdo con eso, ni con nada que signifique robar. Pero, ¿cuál es mi lugar como artista, cuando por un disco que se vende de Los Gatos percibo cuatro centavos? La piratería no me hace nada, si sólo pierdo 4 céntimos…

Cuando estábamos a punto de celebrar el 40º aniversario de nuestro grupo y de la grabación de “La balsa”, mantuve reuniones con ejecutivos de la compañía que tiene el derecho de explotación (nunca mejor usado este término) de nuestros discos. Asistí con la propuesta de revisar ese tramposo contrato que firmé a mis 17 años. Lógicamente nunca nos pusimos de acuerdo. ¿Cómo ponerse de acuerdo con gente que desprecia la música?

Industria Musical

Por una Cultura distribuida!

Aunque los músicos no hablaron del tema, desde organizaciones como RedPanal o Wikipedia se critica la medida que extiende los derechos sobre los fonogramas de cincuenta a setenta años. “Va a contramano del progresismo”, señalan.

Propiedad intelectual

A principios de este año, el hijo de Hugo del Carril pidió que el kirchnerismo se abstuviera de utilizar la versión de la marcha grabada por su padre en 1949 porque consideraba que Kirchner “no era peronista”. Se salió con la suya gracias a un fallo judicial, aunque por entonces las leyes indicaban que ese registro estaba bajo dominio público. El miércoles, en otro capítulo paradójico, los diputados del oficialismo –junto a prácticamente todas las fuerzas políticas del Congreso– aprobaron sobre tablas una modificación a la Ley de Propiedad Intelectual que extiende de cincuenta a setenta años los derechos de intérpretes y productores sobre los fonogramas. Por lo tanto “Hugo junior” será propietario del famoso tema hasta 2019: habrá que pedirle autorización o pagarle para poder pasarlo. Y el dato indignará a algunos o arrancará sonrisas irónicas en otros, pero lo cierto es que representa sólo la arista más vistosa de una medida que varios sectores no han dudado en cuestionar muy duramente.

¿Y qué es un fonograma? Es una “fijación de sonido en soportes que permiten su reproducción”; es decir, en un disco, una cinta, un CD, etcétera. La flamante normativa –que pasó por la Cámara baja y el Senado con la fugacidad de una semicorchea– provocará que esos materiales, en lugar de liberarse al cumplir medio siglo de existencia, permanezcan dos décadas más en el ámbito privado. Entre los trabajos afectados hay joyas de Aníbal Troilo, Edmundo Rivero y Atahualpa Yupanqui, entre otros. ¿Los motivos? En la argumentación de los senadores Miguel Angel Pichetto (FPV Río Negro), José Pampuro (FPV Buenos Aires), Ernesto Sanz (UCR Mendoza), Pedro Guastavino (FPV Entre Ríos) y Liliana Fellner (FPV Jujuy) se explicita que “la producción cultural musical y nacional de los ’40 y los ’50 se encuentran seriamente amenazadas (sic) en los actuales términos de protección”. Por ende, la posibilidad de que cualquiera copie, distribuya o reutilice ese acervo es interpretada como el peor de los males. En respuesta varios referentes del movimiento por la Cultura Libre redactaron una carta en la que se acusa a los legisladores de estar entendiendo la propiedad común como “tierra de nadie” cuando en realidad es “el espacio donde no se puede impedir a otros el acceso a la cultura, independientemente de que se pueda pagar o no por ella”.

Desde luego, los que defienden la nueva ley 11.723 no les llevan el apunte a esos “detalles”. Es más: aseguran que ayudará a los artistas. Si se mira con cuidado, sin embargo, resulta evidente que quienes sacarán mayores dividendos a partir del cambio van a ser las grandes compañías. El diputado Eduardo Macaluse, del Espacio Solidaridad e Igualdad (SI), integró junto a su compañera de banca María América González y a Ariel Osvaldo Pasini (FPV) el solitario trío que se opuso a los 139 votos por la positiva. El parlamentario subrayó que “la propiedad intelectual debe servir para defender al artista y su familia, pero esta prórroga significa que el pueblo deberá asumir un costo adicional por acceder a esos bienes”. “Encima, buena parte de los intérpretes aludidos no percibirá ningún beneficio. ¿Qué beneficio van a percibir, si después de setenta años la gran mayoría ya falleció?”

El artículo que se insertó estipula además que los fonogramas que hoy se encuentran en el dominio público sin que hayan transcurrido setenta años desde su publicación “volverán automáticamente al dominio privado por el espacio que reste”. Con esto no sólo se “privatiza” un corpus enorme, sino que se pone bajo la lupa a un amplio conjunto de canciones donde se incluyeron o recombinaron registros viejos, como sucede en los remixes. Nada de esto pareció alterar mucho al gremio artístico, que en general mantuvo un silencio cercano al consentimiento. En contraste, Matías Lennie –director del proyecto de música colaborativa RedPanal– observó que lo que se está haciendo es negar la nueva época. “Si creaste un tema utilizando trozos de una zamba que ya tenía más de cincuenta años, desde ahora vas a tener que pagar regalías al ‘dueño’, o guardar eso que hiciste en el placard –afirmó–. Por otro lado, las discográficas dicen proteger la cultura pero en lo concreto pretenden quedarse con las ganancias potenciales de los fonogramas. Ya hemos visto que si evalúan que no es negocio reeditarlos, se los encanutan. ¿Quién nos garantiza que vayan a sacar los discos del Cuchi Leguizamón si eso no les reporta ganancias?”

En cuanto a la “marchita” –cuyo estribillo, dicho sea de paso, se basa en un motivo anónimo que usaban las murgas–, aún se puede escucharla en Wikipedia ingresando a http://es.wikime dia.org/wiki/Marcha_Peronista. Hay que apurarse, dado que en pocos días ya no estará. Y lo mismo ocurrirá con otros audios, ya que numerosísimas grabaciones que estaban publicadas gratuitamente y con fines educativos deberán ser retiradas para no caer en la ilegalidad. Wikimedia Argentina, el organismo que patrocina a la enciclopedia online, salió al cruce a través de su presidente, Patricio Lorente: “Esta es una medida reaccionaria que sólo favorece a intermediarios de la cultura –recalcó el directivo–. Por ejemplo, a Sony, que lanzará al mercado una reedición del primer disco de Mercedes Sosa, La voz de la zafra (de 1961), aprovechando la consternación popular que ha provocado su fallecimiento como principal argumento de marketing”. Lorente también se despachó contra el oficialismo, que habría sido el impulsor de la medida: “Esta extensión de los monopolios de explotación de la cultura y el arte va a contramano de todo discurso progresista y contradice todos los conceptos que fundamentaron la reciente movida del ‘fútbol para todos’”, señaló.

Por Facundo Garcia en Página/12.

20 años no es nada?

Pasamos una nota sobre la ley de extensión de los derechos de monopolio sobre fonogramas que fue aprobada ayer en la República Argentina. Hay muchxs amigxs que nos leen de otros países de Iberoamérica que tal vez no se sientan tan involucrados. Sin embargo, la reproducimos porque creemos que éste es un debate global, y sería muy fructífero poder tener la voz de gente de otros pagos para complementar la información. En violeta nuestros catárticos aportes.

Copyright

La Cámara de Diputados convirtió ayer en ley el proyecto que extiende de 50 a 70 años el plazo de los derechos de propiedad intelectual sobre las producciones artísticas musicales.
La iniciativa de los senadores oficialistas José Pampuro, Miguel Pichetto, Liliana Fellner y del radical Ernesto Sanz, fue aprobada por la Cámara alta hace dos semanas y recibió el visto bueno de la Cámara baja con una amplia mayoría.

Nos llamó la atención que en ningún momento estuviese el texto del proyecto para ser leído y que se haya firmado «sobre tablas».

El proyecto establece una modificación al Régimen Legal de la Propiedad Intelectual estableciendo que «sobre sus interpretaciones o ejecuciones fijadas en fonogramas corresponde a los artistas intérpretes –los derechos- por el plazo de setenta años contados a partir del 10 de enero del año siguiente al de su publicación.
«Asimismo, la propiedad intelectual sobre los fonogramas corresponde a los productores de los fonogramas o sus derechohabientes por el plazo de setenta años contados a partir del 10 de enero del año siguiente al de su publicación”, continúa el texto.

Mmmm… Nada que decir, un párrafo claro y conciso… 😛

El proyecto agrega que «los fonogramas e interpretaciones que se encontraren en el dominio público sin que hubieran transcurrido los plazos de protección previstos en esta ley, volverán automáticamente al dominio privado por el plazo que reste, y los terceros deberán cesar cualquier forma de utilización que hubieran realizado durante el lapso en que estuvieron en el dominio público”.

Esto es increíble! A ver si algún abogado nos ayuda, pero la retroactividad de una medida como esta parecería ser anti-constitucional… Es decir que si yo grabé un disco donde toco La Amorosa de Don Ata (1960) tengo que pagar regalías «hacia atras»? Si hice algunos recitales solidarios donde toqué La Yumba de Pugliese (1946), que estuvo hasta recién en dominio público y ahora se privatiza, tengo que pagar por haberlo hecho? Si saqué un texto pedagógico donde estudio las cadencias rítmicas y armónicas de obras del Cuchi Leguizamón como Lloraré (1954) o la Zamba de los mineros (1955) desde ahora no puedo hacerlo libremente? Aunque sea porque me da mucha cosa que el cancionero popular argentino se esté humedeciendo en los sótanos de editoriales y discográficas que no los editan porque «no les cierran los números»? Todo esto para hacerle bien a la música argentina y a sus artistas??? Jajaja… Muy bueno, contate otro… Ah! Y la necesaria pregunta provocadora: el Partido Justicialista, principal promotor de la ley, va a pagar todas las regalías atrasadas por haber utilizado la marchita de Hugo de Carril en todos sus actos?

Dominio publico

En los fundamentos del proyecto, los autores explicaron que «la caída en el dominio público de los fonogramas está teniendo nociva repercusión en el efectivo ejercicio de los derechos de interpretes y productores”.
En este sentido, señalaron que «la producción cultural musical y nacional de las décadas del 40 y del 50 se encuentran seriamente amenazadas por los actuales términos de protección que es necesario extender”

Ah, bueno!! Queremos ver los estudios que analizan esto!! Es irresponsable tirar conjeturas sin datos que te respalden. Se escucha el clamor de la gente «Pedido de informe! Pedido de informe!».

«La década del 40 en particular, fue un periodo de esplendor de nuestra música popular y de la producción de fonogramas correspondiente a artistas que le dieron brillo, entre otros, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Atahualpa Yupanqui, Edmundo Rivero, Horacio Salgan, Osvaldo Fresedo, Alfredo De Angelis, Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli o Astor Piazola, entre otros”.

Es tan real que fueron años de producción musical alucinante como es falso que hayan caído en desuso por el dominio público. Cayeron en desuso por las políticas comerciales de los grupos económicos de la industria musical, que ven un negocio poco rentable en la reedición de estos discos y artistas. Si quieren que se jerarquice ese bagaje musical, tengan políticas activas en pro de eso, no se lo dejen al voraz mercado que sabemos que no lo resuelve! Le están sacando a las nuevas generaciones la posibilidad de estudiar y utilizar esta música libremente. Verdadero culturicidio el que se aprobó ayer.

Los senadores consideraron que «décadas posteriores fueron también de esplendor y vieron una fuerte producción musical en el folklore, el fenómeno de la llamada ‘Música Beat’, y los primeros años del género conocido como ‘Rock Argentino’”.

Parece una broma de mal gusto… Es como mostrarle un caramelo a un niño y sacarselo de las manos cuando lo está por agarrar. Efectivamente, con esta medida la música de los 60 y 70’s nos queda cada vez más lejana.

Los legisladores advirtieron que «la producción musical y los derechos de los interpretes que grabaron en los años 50 y 60 se encuentra en inminente caída en el dominio público”.

Que pena! Ya las disquerías no van a estar inundadas de discos de esta época!

En este segmento enumeraron «las primeras producciones fonográficas de Los Chalchaleros, Los Hermanos Avalos, las de Julio Sosa, Violeta Rivas, Palito Ortega, y, las primeras grabaciones de Roberto Sánchez ‘Sandro’”

Que bueno sería que conozcan minimamente de que hablan y, por ejemplo, escriban Hermanos Ábalos como se debe. Piazzolla, también, más arriba! Encima de mercachifles, brutos!

Cultura Libre

«Un caso claro y paradigmático, es el primer álbum Fonográfico interpretado por Mercedes sosa, titulado ‘La voz de la zafra’, publicado en 1961, y caerá en el dominio público en el inminente 2011, si la legislación no fuera modificada como se aquí se propone”, precisan.

Que buena campaña de marketing. Entre que la Negra se nos murió y que iba a pasar este disco a dominio público…

Por esto, advirtieron que «al caer en nuestro país la interpretación y el fonograma en el dominio público, cualquier persona, ya no solo en nuestro país, sino también en todo el mundo, puede editarlas, reproducirlas y utilizarlas comercialmente en forma libre sin necesidad de autorización y, consecuentemente, sin pagar regalía alguna”.

Pero si no hay nada mejor para la cultura que cualquier persona, ya no sólo en nuestro país, sino también en todo el mundo, pueda editarla, reproducirla y utilizarla, comercialmente o no. Por otro lado, Quien tiene que autorizar? Pagar regalía a quién? El grandísimo porcentaje de estos autores ha muerto (en todo caso, escriban que el pase a dominio público no se efectiviza hasta la muerte del autor). De esta forma, pasan a ser de herederos, con los mismos conflictos que cualquier herencia. En la mayoría de los casos no se logra saldar esta situación, en los otros los poseedores de los derechos se los venden a la industria para que hagan de managers. Concentración y más concetración en un mundo cada vez más en red.

Además, dicen que «se ha tomado en cuenta para la elaboración del proyecto, el aumento del promedio de vida humana y la consiguiente necesidad de que la protección abarque, cuanto menos, el ciclo de vida de dos generaciones”.-

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La lógica del derecho de autor tiene que ver con lo que cuesta hacer una copia de la obra, no con la longitud de la vida de los herederos del artista. Esta ley parece sacada de feos, sucios y malos. Si el costo de copiar la obra tiende a cero (como en la actualidad con los formatos digitales) debería procederse inversamente a lo que se está haciendo.

Buenos Aires, 25 de noviembre (Télam).-