El rock de la cueva

Hace unos días murió Sandro. Más allá de los (indiscutibles) gustos, fue parte de una generación que dio a luz el rock en Argentina. La Cueva, La Perla, Billy Bond, Lito Nebbia, Tanguito, Javier Martinez y Manal… Por eso estas líneas de Pïpo Lernoud.

En 1965, el mundo de la «música juvenil» se reducía a las actuaciones de fin de semana en clubes de barrio con grupos que, más o menos, repetían el molde que iba imponiendo La Escala Musical, emporio que monopolizaba la televisión, la radio y los bailes. En ese universo de música pegadiza, ritmos obvios y letras melosas, el rock en inglés y los grupos debían parecerse al fenómeno planetario: Los Beatles. Hacía menos de un año que los cuatro fabulosos habían desembarcado en Estados Unidos, desencadenado la beatlemanía, y La Escala no podía estar fuera de eso. Pero los músicos no estaban distraídos. Sabían que debajo del boom comercial de Los Beatles se escondía algo nuevo, y que cientos de «conjuntos» (Los Rolling Stones, Kinks, Yardbirds, Who, Blues Breakers, Byrds, etc.) estaban transformando la banda de sonido del mundo. Algunos, lo intuían oscuramente, como José Alberto Iglesias apodado «Tanguito», que había grabado ya en 1963 sus propias composiciones en castellano (Mi pancha) en el estilo de los mexicanos Teen Tops con Los Duques. Alejandro Medina (después Manal) y Carlos Mellino (después Alma y Vida) eran los cantantes de The Seasons. Con el seudónimo «Max and Rodney», componían canciones en un inglés inventado, copiando además elestilo de ropa y los peinados de Los Beatles. Desde Rosario llegaron Los Wild Cats, con Litto Nebbia a la cabeza, que al entrar en el circuito de La Escala con un contrato, se cambiaron el nombre a Los Gatos Salvajes. Litto, apenas un adolescente, ya componía sus propios temas de un beat inteligente y elaborado, con una invalorable ayuda del tecladista Ciro Fogliatta para los arreglos. Había muchos otros grupos: Las Sombras, Los Gatos Negros, Los Guantes Blancos…
Sandro y los de Fuego hacían temblar las radios con Música de Rock and Roll, la versión castellana de un tema del maestro negro Chuck Berry que los Beatles habían grabado a fuego en la conciencia de la juventud blanca. El acento y la actitud de Sandro retrotraía más a un Presley de nuestros suburbios que a un beat, el apodo de nuestra música que estaba naciendo. Pero Sandro era un poco padrino de lo que se venía.

Todo ese universo de música que apenas salían de la adolescencia y ya eran profesionales de una «industria del entretenimiento» cada vez más estructurada y exigente desembocó, tarde o tempraño, en un diminuto reducto, sucio y mal ventilado, de la avenida Pueyrredón: La Cueva.

LA Cueva Rock nacional

El nuevo idioma de Babel

«La Cueva era como una Babel total, era como esas historias bíblicas del desierto, que vienen las caravanas de uno y otro lado, y todos desembarcan en el mismo lugar. Estaban los músicos de barrio por un lado y por otro los músicos (profesionales) de sesión». Eso recordó Rocky Rodriguez para un extraordinario libro sobre Tanguito, de Víctor Pintos.

En esa Babel circulaban tipos que no eran de la música; escritores y periodistass como Miguel Grinberg, Pipo Lernoud y Juan Carlos Kreimer, pintores como Charly Camino, poetas, gente de la noche. Y se reunió una camada de músicos en estado de despertar intensivo: Mauricio «Moris» Birabent, Javier Martínez, José Alberto «Tanguito» Iglesias, Miguel (futuro Abuelo) Peralta, Félix «Litto» Nebbia y Alberto «Pajarito Zaguri» García.

En ese pequeño sótano se cocinaba otro estofado que en La Escala Musical. Allí los músicos podían improvisar, zarpar, delirar, sanatear, inventar con total libertad. La zapada venía desde el nacimiento de la Cueva, desde que era «de Pasarotus» y regenteada por Juan Carlos «El Gordo» Cáceres abrió las puertas a los músicos de jazz, desde Gato Barbieri y «El Gordo» Fernandez hasta los jóvenes Bernardo Baraj, Ricardo Lew, Adalberto Cevasco, Norberto Minichilo, y un largo etcétera. De reducto de noctámbulos y jazzeros, muy pronto pasó a pertenecer a una movida inspirada por Billy Bond (después de La Pesada) y el propio Sandro, atrayendo a todo músico «beat» que circulara por Buenos Aires, incluyendo a los Shakers de Uruguay y los Con´s Combo de Suecia.

Fue en la Cueva donde empezó realmente el rock nacional. Sin el fermento de La Cueva, esa mezcla de influencias musicales, literarias e ideológicas, nuestro rock hubiera sido uno más en el continente, otro reflejo pálido de las ideas anglosajonas. Sin La Cueva no hubiera habido Avellaneda blues, ni De Nada Sirve, ni La Balsa. Y toda la historia que viene detrás, desde Charly García a Sumo, desde Los Redondos hasta Spinetta, estça teñida con las inquietudes ambiciosas de los locos de La Cueva. No hay en el Continente, con la excepción de Brasil, una historia de rock, poesía y desafío como en la Argentina, y tampoco la hay en Europa fuera de Inglaterra. Porque el aislamiento cultural al que nos sometieron las sucesivas dictaduras y la multiplicidad de las influencias del rock, produjeron un híbrido original que nació ahí, a fines del 65 y comienzos del 66, cuando el mundo dejó sus viejos «conjuntos» abandonó el sueño de triunfar en la Escala Musical y salió a caminar por la avenida Pueyrredón, desde La Cueva a La Perla, para empezar a escribir una historia diferente.

En esos «naufragios» hasta el amanecer, intercambiando ideas e información, se compusieron la mayoría de los temas que llenaron los discos de Los Gatos, de Manal, de Moris, de los primeros Abuelos de la Nada, de Tanguito. Y se inspiraron las ideas que hicieron cantar en castellano a Almendra, Vox Dei, Arco Iris, Pappo, etc.

El primer «manager» del rock nacional también estaba en La Cueva. El Gordo Horacio Martínez, amigo de Sandro y Billy Bond, que llevó a Tanguito a RCA y consiguió el primer contrato de Los Gatos, también fue el resorte principal para la movida de los Beatniks de Moris y Pajarito.

Hoy se discute si el comienzo del rock autóctono fueron Los Gatos Salvajes en 1965 -con repertorio propio pero dentro del engranaje de la Escala Musical -, o los Beatniks en 1966 -una actitud rebelde de «pacifismo y libertad sexual» pero poca llegada al gran público- o Los Gatos en 1967 -con el éxito masivo de La Balsa y Ayer nomás, temas representativos de La Cueva-. En realidad esa discusión no tiene trascendencia. No hay un músico o un disco que pueda ser citado como comienzo de la nueva cultura. El «movimiento» nació de un movimiento, de un choque, de un caldo de cultivo que hervía en el aire viciado y ruidoso de La Cueva, ese pequeño centro del universo, escondido de la persecusión de la policía y los adultos bien pensantes en un sótano diminuto de la avenida Pueyrredón.

Texto extraído de El Rock Nacional.

Sgt Pepper´s lonely hearts club band

El especial sobre Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967, Parlophone) trató en su primera parte sobre el contexto del momento, recordando a los grupos que en ese tiempo buscaban compartir protagonismo con The Beatles y las sesiones de grabación, donde George Martín llevó la batuta como sexto Beatle que es considerado.

La segunda parte de este especial se centra en las canciones, una a una, con sus respectivas historias, el concepto original del disco en mono y sus diferencias con la versión en estéreo, además de la recepción de la crítica y del público, sin olvidar su mítica portada. El espectáculo acababa de comenzar.

Canciones:

La banda quería cambiar los cauces del Rock y por tanto del Pop del momento, algo que se vio reflejado en un primer momento en las letras, más libres y menos efectistas que en anteriores entregas. Nada de cantar al amor de forma banal y tararear estribillos facilones, tanto McCartney como Lennon se centran en reflejar vivencias personales y los temas mejoran frente a los anteriores.

A esto hay que sumar el efecto del álbum conceptual y la supresión de los silencios entre cada tema, algo innovador en aquel momento y crea la sensación de un único show donde el oyente se evade. Para que haya esta unión entre tanto sonido dispar, la batería de Ringo Starr alcanza su máximo nivel y crea el nexo de unión entre una canción y otra, llevando el ritmo y dando juego tanto a las guitarras como a las voces.

Los efectos de las drogas se empezaban a notar, el LSD inundaba la escena londinense y Revolver había sido escrito bajo bastante influencia de este tipo de sustancias, algo que el grupo quitaba peso y negaba, puesto que hay que pensar qué imagen proyectaban a la sociedad: la de unos niños buenos frente a la rebeldía de los Rolling Stones.

Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band’, grabada 1 de febrero de 1967, es la introducción de la banda y la presentación de este nuevo mundo que han creado, sobre todo desde la mente de McCartney. Para ello los arreglos juegan un papel fundamental, tanto por la parte de la orquesta en cuestión de viento metal, como con fragmentos grabados del público como si de una actuación de circo se tratase (el anticipo del sample). La banda del sargento Pimienta nos daba la bienvenida entre risas y aplausos, riffs de guitarras a lo Yardbirds, musculosos y crudos, pero con un optimismo que ningún Verano del Amor posterior podría igualar. Empezaba el show.

With A Little Help From My Friends’ era el segundo dardo firmado por John y Paul en una apertura fantástica que da paso a un medio tempo calmado, una batería con toques jazzy y las armonías vocales de los de Liverpool, esta vez con el timbre más grave de Ringo Starr a la cabeza y el resto de acompañamiento. Fue de los últimos temas que terminaron, el 29 de marzo de 2967, escrito para que el batería tuviese su justo protagonismo y con un diálogo entre los miembros de la banda a partir de preguntas lanzadas que respondían las segundas voces, Paul también al bajo y John, a la guitarra y al piano, de donde había extraído la melodía para dicha canción.

Lucy In The Sky With Diamonds’, grabada el 1 de marzo de 1967, es una de las baladas más bellas que John Lennon ha escrito nunca. Tres minutos y medio de Rock psicodélico que anticipaba su posterior camino hacia el Pop y la explosión de color sin la necesidad de tanta ornamentación, sólo una melodía simple, el tamboura de George Harrison creando la atmósfera de forma lenta y el órgano Lowrey de McCartney modificado en su sonido para jugar con nuevas fronteras.

El origen del tema suele partir de un dibujo del hijo de Lennon, Julian, quien dibujó en 1966 a su compañera de clase, Lucy O’Donnell, recientemente fallecida, el 22 de septiembre de 2009, con diamantes en forma de ojos, algo que el propio Julian no supo explicar en su momento pero que le llevó a denominar al dibujo como “Lucy – in the sky with diamonds”.

Después están las suposiciones de que el tema salió con motivo de la influencia del LSD, siglas que el título podría representar, pero que fueron denegadas una y otra vez, hasta que ya por fin, en 2004 y con los bolsillos forrados de verde, McCartney por fin confirmaba lo obvio: ‘Lucy In The Sky With Diamonds’ había surgido fruto del LSD.

Getting Better’, grabada el 9 de marzo de 1967, es de las más directas, no llega a los tres minutos. La guitarra de Harrison (al final incluye una parte de tambura) y Lennon se sincronizan creando un riff adictivo, que se une a un estribillo muy repetido y que llega a cargar un poco el tema. Ringo incorpora congas al sonido como percusión pero destaca más por la voz duplicada de Paul, así como de su parecido a hits de la talla de ‘Penny Lane’. Para mí es de las más flojas del álbum pero resume “la fórmula Beatles” de los años anteriores.

Fixing a Hole’, grabada el 21 de febrero de 1967, es la única que fue grabada fuera de los estudios Abbey Road, trasladándose a los estudios Regent Sound, también en Londres, porque los primeros no estaban disponibles esa noche. Como curiosidad: era la primera vez que The Beatles usaban otro estudio diferente para grabar. Con esta canción vuelven a sonar psicodélicos, Paul sigue doblado en su voz, técnica que también utilizan con la guitarra de Harrison, con un solo donde la guitarra de McCartney se queda más libre.

De nuevo vuelven a aparecer las drogas como posible inspiración, tanto heroína como marihuana, sustancia que Paul consumía con asiduidad en ese momento. Sigue sin quedar claro del todo, pero lo cierto es que el grupo suena más psicodélico que nunca.

She’s Leaving Home’, grabada el 17 de marzo de 1967, vuelven a ser The Beatles en formato balada con las perfectas armonías vocales que mezclan las voces de Paul y John, ambas dobladas, así como los coros de éste último. Un tema barroco con unos falsetes impecables y una caída al estribillo delicada entre arreglos de cuerda de la mano de cuatro violines, dos violas, dos chelos, un contrabajo y un arpa, tocado por Sheila Bromberg, la primera mujer en tocar en un disco de los Beatles. Mike Leander fue quien se encargó de estos arreglos y George Martin precedía en el sonido a las inquietudes clásicas de un joven McCartney.

Basada en una historia real que leyeron en un periódico (Daily Mirror), sobre una chica (Melanie Coe) que había abandonado su casa y no era encontrada. Aunque, como es lógico, la pareja de artistas trastocaron parte de la historia para hacerla más teatral.

Being for the Benefit of Mr. Kite!’, grabada en numerosas tomas los días 17 y 20 de febrero, y el 28, 29 y 31 de marzo, era el cierre de la cara A y como tal se iba a cumplir el primer silencio de la actuación de la banda del sargento Pimienta, por lo que el tono cambia, volviéndose más oscuro y escrita por John Lennon inspirado en un póster del circo de Pablo Fanque del siglo XIX, temática que refleja la historia. La atmósfera se vuelve más surrealista que cualquiera de las anteriores y las armónicas se solapan con el Hammond y el piano de Lennon, así como los diversos instrumentos de George Martin. A destacar la utilización de loops procedentes de cintas, como ya hiciese John Cage en su momento.

Within You Without You’, grabada entre los días 15 y 22 de marzo, además del 3 de abril de 1967, abre la cara B. Otro espectáculo comienza de las manos de George Harrison quien dirige a la banda en un viaje de iniciación por la cultura hindú gracias a largos solos con la tambura y el sitar, así como un buen número de músicos de sesión que le acompañan con otros instrumentos típicos de este sonido. Es el único tema, junto a ‘A Day In The Life’ que supera los cinco minutos de duración y a buen seguro, si EMI no hubiese estado detrás, se podría haber alargado más porque originalmente fue propuesta para que durase 30 minutos, algo anti-comercial en ese momento.

When I’m Sixty-Four’, grabada entre el 6 y el 21 de diciembre, vuelve a mostrar el gusto por el sonido de la música clásica y el Jazz por parte de McCartney, quien la firma y la canta. El sonido de vaudeville impregna el tema en el que Paul lleva a cabo un diálogo con dos clarinetes y un clarinete bajo, lo más destacado por su hermosura en la combinación y el tempo de un fraseo muy calmado, casi narrado y las dosis de humor de la letra unidas con cierto tono triste (“Will you still need me, will you still feed me, / When I’m sixty-four”).

Lovely Rita’, grabada el 23 febrero y el 21 de marzo de 1967, de nuevo a manos de Paul, tanto en la voz como en la letra, abre más el grupo hacia el Pop vitalista, dando un papel muy importante al sonido de las guitarras de George Harrison y el apoyo de Ringo Starr a la batería, así como los fraseos de George Martin al piano, hilo conductor con el siguiente tema para evitar las pausas, junto con el canto de un gallo.
The Beatles – Good Morning Good Morning (YouTube)

Good Morning Good Morning’, grabada el 8 y 16 de febrero, además del 13, 28 y 29 de marzo de 1967, recae en manos de John al completo y se nota desde cómo surgió el tema, gracias a un anuncio en la televisión de la marca de cereales, Corn Flakes de Kellogg’s cuyo jingle decía así: “Good morning, good morning, The best to you each morning, Sunshine Breakfast, Kellogg’s Corn Flakes, Crisp and full of fun”. Riffs de guitarra y un final reservado para, de nuevo, sonidos de animales, entre gallos, caballos y perros, entre otros.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Reprise)’, regrabada el 1 de abril, sirve como despedida del show que ya se acaba, del show loco que anticipa obras como The Who Sell Out (1967, Track) y Tommy (1969, Track/Poyldor) de The Who que vendrían a retomar la idea conceptual en torno a un tema o sonido. La banda del sargento Pimienta nos dice que: “We hope you have enjoyed the show” y que su tiempo llegó a su fin, que se despiden del escenario.

A Day In The Life’, grabada el 19 y 20 de enero y el 3 y 10 de febrero, es el bis que siempre guarda todo gran actuación. Escrita por la pareja John y Paul y con el intercambio de papeles en la voz protagonista. Para mí, es uno de los mejores temas de Pop de todos los tiempos y el mejor de este álbum. Tiene todo tipo de sonidos en su interior, cual caja de Pandora que se abre para mostrarse al exterior, sólo que en vez de salir los males del mundo, sale esta joya. Es John quien se lanza el primero a entonar mediante un hilo frágil los primeros versos de la historia sobre un punto que no ha sido aclarado. Unos dicen que trata sobre la muerte en un accidente de coche de Tara Browne, heredera de 21 de la familia Guinness, la cual afectó también de sobremanera a Brian Jones; y George Martin habla de una referencia a las drogas. Quizá ambas ideas se juntasen como solía pasar en aquel momento. Mientras McCartney habla de su juventud y Lennon de referencias a periódicos…

El caso es que John Lennon llega casi desapareciéndose hacia la explosión de la orquesta al final del primer minuto y mitad del segundo, testigo que recoge Paul McCartney, momento al que también le sucede otra explosión de júbilo en un crescendo de los 40 músicos que formaban la orquesta (¡aunque McCartney llegó a querer 90!). Ya al final, la subida llega a su culmen máximo y explota en la cima dejando caer el telón con ella y tras un rato, 20 segundos de locura que han generado más de alguna tesis marciana. El coro final de ‘A Day In The Life’ es patrimonio de los mejores momentos de la música del siglo XX.

De esta manera se ponía fin en la parte sonora a una obra magna, de las mejores de la historia de la música y que cambió buena parte de lo que vendría después. La banda del sargento Pimienta había demostrado su categoría de genios del Pop y de la Música con mayúsculas.

Mono y estéreo

You haven’t really heard Sgt. Pepper until you’ve heard it in mono’. John Lennon hizo famosa dicha frase siempre que hablaba de este álbum, y es que fue concebido en mono, pero después, su discográfica EMI se decidió por pasar al sonido estéreo sin previo aviso con el objetivo de rentabilizar una tecnología en aquel momento implantándose y en auge (llevaba implantada sólo 10 años en el negocio de la música).

Geoff Emerick y su equipo fueros quienes se encargaron de esta mezcla en los estudios Abbey Road, llevada a cabo sin que el grupo se presentase a las sesiones, cuya duración fue de dos días y medios. Toda la grabación y distribución del sonido fue pensada en mono y se iban a encontrar con que la comercialización sería hecha en estéreo, puesto que hasta 2009 no se ha podido disfrutar del sonido original de Sgt. Pepper salvo bootlegs piratas. La versión en vinilo sí que tenía su opción en mono pero en los 70 se eliminó del mercado, mientras que en CD salió directamente en estéreo.

Los cambios son muy evidentes entre una versión y otra. Los más evidentes están en: ‘Lucy In The Sky With Diamonds’, pierde peso en el sonido mientras que los arreglos ganan presencia, ‘She’s Leaving Home’, modificada en el tempo de reproducción, y en ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Reprise)’ la voz de McCartney al final directamente desaparece.

También varía la duración de algunos temas, el sonido de estos en general, las baterías…

La explicación de la elección del mono frente al estéreo la dio George Martin en el libro Recording The Beatles (2006): “En 1967 muy pocas personas tenían un equipo estéreo. Casi todo el mundo escuchaba la música en mono. Era el sistema estándar.

Recepción por crítica y público:

Sgt. Pepper cambió el transcurso de la historia de la música y la crítica supo ver su importancia desde el principio, desde calificarlo como “un momento decisivo en la historia de la civilización occidental”, en palabras del crítico teatral británico Kenneth Tynan, a ser encumbrado como el mejor disco de la historia por la NME en 1974, título que después revalidaría por parte de la revista Rolling Stone. Y polos opuestos como la revista Time y Pitchfork llegan a coincidir; los primeros eligiendo al álbum como uno de los 100 mejores de la historia, y los segundos brindándole un diez de diez, nota que pocas veces usan. En España la Rockdelux, lo eligió en el puesto 46 de los mejores del siglo XX.

El público lo digirió de forma paulatina, adaptándose a este nuevo sonido que los Beatles proponían, pero al final acabó triunfando a nivel de ventas, como ya pasase con todos sus anteriores. En Estados Unidos se mantuvo número uno durante 15 semanas, en Gran Bretaña durante 27 y en Australia durante 30. También fue un éxito mundial.

En la gala de los Grammy de 1968 se llevó nada menos que cuatro de siete a los que optaba: al álbum del año, a la mejor portada, al álbum contemporáneo, y al mejor ingeniero de sonido, no-clásico.

Por desgracia, no todo lo que derivó de Sgt. Pepper fueron buenas noticias. Brian Wilson al escuchar mientras conducía por Los Ángeles el anticipo en forma de single con ‘Strawberry Fields Forever’ como cara B (al que se sumaba ‘Penny Lane’ como cara A; publicado el 13 de febrero en Estados Unidos y cuatro días más tarde en Gran Bretaña) debió decir (no sé dónde empieza y acaba la leyenda) que: The Beatles “habían llegado a la meta primero”, tras lo cual las sesiones de Smile, el nuevo álbum de The Beach Boys, quedaron abandonadas de por vida hasta que en 2004 volvió a retomarse el proyecto.

Portada:

Sargent peppers

Como buen álbum planteado para cambiar la música, la portada también tenía que ser revolucionaria. En Sgt. Pepper es la primera vez que The Beatles introducen las letras dentro de un álbum, para el cual contaron en el diseño con Peter Blake, artista pop ya reconocido en aquel momento, y como director artístico con Robert Fraser, todo un personaje del mundo del arte en la década de los 60.

La banda tomó en serio su personaje en la banda del sargento Pimienta y se vistió con vistosos uniformes militares, diseñados por Manuel Cuevas, y poblados bigotes que destacaban sobre los intensos fondos en amarillo, rojo y verde.

Pero lo más importante es la portada, donde reunieron a 70 famosos incorporados mediante la técnica del collage, a excepción de las estatuas de los propios Beatles a la izquierda, junto al boxeador Sonny Liston y a la derecha, la actriz Diana Dors. Montaje que tardaron dos semanas en rematar. Al final, John Lennon no pudo salirse con la suya e incorporar a Mahatma Gandhi, (quitada por deseo de EMI) Jesucristo o Adolf Hitler, quien sí sale en la foto de preparación en el libreto del disco, con este pie de foto: “Almost Reddy for action – note Hitler on the sidelines”.

Lo mejor de todo es descubrir los detalles ocultos, habituales en la ironía del grupo. Por ejemplo: la muñeca de Shirley Temple con una camiseta que pone “Welcome The Rolling Stones”, las figuras de porcelana de ambos lados, así como la típica figura japonesa, el diminuto gnomo de jardín, la presencia de Aleister Crowley casi oculto en la esquina superior izquierda, el gurú indio, Sri Lahiri Mahasaya, entre otros.

La lista la completan nombres tan importantes como: Aldoux Huxley, William Burroughs, Bob Dylan, Karl Marx, Marlon Brando, Oscar Wilde, Lewis Carroll, Marlene Dietrich, Dylan Thomas, entre muchos más.

Una obra de arte que junto a la de Andy Warhol para la Velvet Underground, como ejemplo, se exhibirá en museos de aquí a unos años, mientras se sigue especulando si las plantas eran de marihuana o no y se habla sobre su precio de entonces, 2.868 libras (equivalentes a 37.521 libras de hoy en día, es decir, 40.205 euros aproximadamente).

Gracias Hipersónica!

Tocar como Keith Richards

Quéres sonar como los Stones? Ese sonido tan particular es una mezcla de varias cosas. Las ilegales no te las vamos a comentar en este blog, pero sí la técnica.

El video a continuación está en inglés, pero la cuestión musical se puede entender sin mayores complicaciones. En todo caso, comentamos… Primero se explica qué es una afinación abierta en la guitarra: toda aquella que tocando al aire las cuerdas suena un acorde determinado. La afinación que nos propone el maestro es la de Sol Mayor.

Afinacion abierta

De esta forma, el video nos muestra cómo tocar una clásica base de blues o Rock n´ Roll (I / IV / V) para después hacer una demostración de riffs al mejor estilo Keith Richards con una secuencia de 3 acordes mayores que elige al azar: Re-Do-Si Bemol

Es importante resaltar que lo que toca no es ningún tema de los Stones, simplemente una forma de tocar a la que han logrado poner como «sello personal».

La consigna de hoy: Afina tu guitarra en sol mayor, juega un poco a sacar tu mejor sonido stone y sube los resultados a RedPanal para mostrarlos a la comunidad!!


De regalo, nos tira dos posturas con algunos harmónicos que personalmente aconseja.